sábado 28 de enero de 2012

AVELINA DALCOLMO

AVELINA ESTHER DALCOLMO
AVELINA ESTHER DALCOLMO: “Con los nudillos de los dedos de su mano, gastados de tanto golpear las puertas de la solidaridad”



“ Para Dios y para el Bien no hay vacaciones” dice Avelina Ester Dalcolmo, cuando muchas veces a raíz de su trabajo y de su prédica suele recibir una suave regaño por parte de médicos o familiares que le aconsejan“ que baje un cambio” en su tarea, por el bien de su salud, para agregar “si cada uno de nosotros echara una flor en el camino del prójimo, los senderos de la tierra ,estarían llenos de ellas ya que si la solidaridad crece, renace la esperanza, porque la solidaridad es la salud del mundo”

Si cualquier persona hace el bien una vez en la vida para los ojos de Dios está bueno.

El espíritu se regocija si esa entrega solidaria es diaria o semanal, está bueno que tu corazón generoso ofrezca la entrega de algo... “ dar hasta que duela” como lo pregona la Madre Teresa .Uno se siente bien cuando a veces alguien golpea las manos frente a tu casa solicitando “ si tenès algo para darle”, pero uno que es humano muchas veces reacciona mal si la visita se reitera o se hace costumbre, pero AVELINA al igual que el sol siempre está aunque no la veamos, tiene los nudillos de los dedos de su mano gastados de tanto y tanto golpear puertas, puertas que siempre se abren a su llamado, porque la gente es buena y tiene la certeza de que lo que entrega siempre llega a un hogar necesitado.AVELINA no se cansa ,a pesar de su presencia delgada y frágil, a pesar de las recriminaciones de los médicos o de los hijos que le reclaman unos minutos de su existencia en sus existencias.AVELINA los escucha y acude a protegerlos y a estar con ellos pero enseguida ,su cuerpo de pájaro cobra vuelo, su mirada se ilumina, su ansiedad de entrega es más fuerte y camina allá por las villas, por los ranchos, por las capillas, por los asilos ,por las ciudades, anda Avelina Dalcolmo,siempre apurada, siempre pidiendo para que los que menos tienen reciban un cachito de esperanza ,porque : “para Dios y para el Bien no hay vacaciones”

Avelina Dalcolmo nació el 24 de febrero de 1949 en Apóstoles, Misiones, fueron sus padres Antonio Dalcolmo y Leonor Lovera, quienes tuvieron doce hijos. Se recibió de maestra normal nacional y ejerció siempre la docencia. En 1982 es designada maestra titular en la Esc 418 de San Carlos ,luego de trabajar en otras escuelas rurales como suplente, allí ya comienza su vocación de servicio y de ayuda hacia sus alumnos :hijos de tareferos, carpidores y jornaleros. Es que su alma generosa se conmovía al verlos llegar en invierno, con las crudas heladas, siempre descalzos y sin abrigo. Primero les llevaba la ropa usada por sus hijos o sobrinos o vecinitos, luego como iba creciendo el número de necesitados, empezó con su prédica que lleva ya varios años y que se extiende hacia la religión, trabajando como catequista y predicadora de la palabra del evangelio, entregando el pescado a los hambrientos y enseñando a pescar, para que la cosecha sea siempre más abundante. Hoy su figura ha trascendido los límites de nuestra provincia, nos sorprendemos cuando miramos sus carpetas de recortes, las fotografías, los testimonios de gratitud y de agradecimientos, carpetas y carpetas desprolijamente ordenadas pero con centenares de muestras de su trabajo en bien del prójimo. Después de ocho años consigue su traslado a la Escuela 298, en el Paraje La Cachuera en Colonia Liebig, donde es designada Directora. Una nueva etapa se abre en su camino con inquietudes similares pero encaminadas hacia la educación integral de niños campesinos. Su tarea cristiana no para ningún momento, porque a pesar de que muchos hablan del crecimiento del país, las realidades que atraviesan mucha gente es otra. Hay personas con enfermedades terminales que necesitan un pasaje, un medicamento, una palabra de consuelo y allí está Avelina.

Hay chicos que quieren seguir sus estudios y no pueden o no saben como hacerlo y allí está Avelina, hay madres a las que no le llegan las pensiones, hay madres golpeadas, hay madres solteras, hay madres ancianas y enfermas, allí está Avelina, siempre con su mismo andar de pájaro, con su figura delgada, con su rostro escondido detrás de una gafas que le permiten auscultar quizás mejor lo que otros no ven o no queremos ver. Y siempre le queda tiempo, hasta para los suyos, para su esposo Juan Carlos Vizcaichipi y sus ocho hijos Marcela Paola(doctora terapista)abocada actualmente a la investigación científica sobre traumas cerebrales en Inglaterra, los varones :Juan Carlos, José Maria y Carlos Antonio comerciantes, Maria Elena estudiante de abogacía, Martina Pamela licenciada en Psicología, Avelina Ester técnica en Gestión y Turismo y conductora de un exitoso programa radial y televisivo, y Katherina Alicia doctora en Bioquímica,laboratorista química industrial, actualmente trabaja en planta permanente en el Instituto Malbràn y en Fundaleu(lucha contra la leucemia)en Capital Federal. Sus tesoros valiosos son sus nietos que le insuflan a diario las energías suficientes para seguir con su trabajo tan peculiar. Uno se pregunta cuando descansa ya que además le queda tiempo para escribir ensayos literarios, organizar talleres de costura, corte y confección, elaboración de prendas de vestir ,elaboración de arroz con leche, panes, facturas, dulces, guisos para entregarlos a los carenciados, distribución de medicamentos en barrios periféricos, hospitales y salitas, distribución de golosinas y juguetes a escuelas de barrios rurales y/o carenciados, organizar fiestas :Día del Niño, Navidad, Reyes, Día de la Madre, entregando juguetes, panes dulces, golosinas, ropitas,etc.A veces llegan premios y distinciones, que los conserva en arrugadas carpetas ,pero que siente vergüenza de exhibirlos como trofeos, humildemente agradece y solamente pide que “ recen para que el Señor le de las fuerzas para seguir adelante y para que siempre encuentre almas generosas que le permitan llegar con su camioneta hasta los lugares más insólitos e inhóspitos con su carga de bondad y misericordia.

Y Avelina Dalcolmo, baja de su autito celeste, siempre apurada, pregunta por los enfermos, se entristece por las ausencias, sus ojos se llenan de emoción ante una pérdida, sus manos delgadas se cubren de un raro sortilegio cuando alguien las acaricia con dulzura y la gente la ve partir y llegar, entregando cosquillitas al alma, su ayuda es el bálsamo que el doliente espera, es la agüita fresca que calma la sed del sediento pero que la necesita a diario. Presurosa sigue su lucha, se le cae de las manos, como quien pierde un pañuelito, un papel con un poema suyo... el viento del corazón lo acaricia y una nube lo toma prestado. Es que siempre entre lo terrenal y lo divino hay una delgada brecha que apenas los separa, algo tan tenue como la dulce inocencia de unos niños descalzos que corren presurosos llevando un jarro de arroz con leche que Avelina recién les ha entregado.

A lo lejos suena un chamamè nostálgico y parece que escuchamos el canto de un zorzal tempranero, es un pedazo de su poema recién escrito que nos conmueve y nos obliga a seguir escribiendo esta columna

“No se mide la vida por la vejez que llega…preciso es que se mida por el Bien de la entrega

Por la ayuda a un hermano y el Amor de tu pecho y el valor de tu mano.

Por la casa que alzaste para el pobre afligido, por el noble desgaste de un servicio cumplido

Por tu alivio hacia el triste y el calor de tu canto, la cuna que meciste y el consuelo de un llanto.

Por tu intensa alegría que en derredor propagas, por tu hábil maestría de curar una llaga

Preciso es que se mida por algo en derredor...

No hay mejor medida para medir la vida

Que el derroche de AMOR! (Avelina Dalcolmo)



MARIO ZAJACZKOWSKI