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Una pluma al rescate de las memorias • Hombre de la cultura y la docencia, inmortaliza a los personajes y anécdotas populares de la Capital de la Yerba Mate • Compartió con PRIMERA EDICIÓN algunas de esas ricas historias •
APÓSTOLES. Toda persona que anhele conocer la historia de Apóstoles, debe recurrir indudablemente a los registros oficiales y la información que brindan manuales y documentos. Pero para conocer a sus personajes populares, sus historias mínimas y en definitiva, la esencia del pueblo, una referencia ineludible de conocimiento son y serán las crónicas que desde hace décadas escribe José Mario Zajaczkowski. Docente de toda la vida, escritor y ex director de Cultura del municipio, son sólo algunas de las facetas que Mario supo desplegar a lo largo de su vida. Hoy, sigue retratando en distintos espacios de Internet (tiene un blog y colabora con una página) esas historias que su pluma rescata del olvido, construyendo así -quizá sin proponérselo- bibliografía imprescindible para la comprensión de Apóstoles. PRIMERA EDICIÓN tuvo la oportunidad de hablar con Mario, indagar sobre su vida y los recuerdos, quien seguramente -al igual que los personajes que inmortaliza- también quedará en la historia de su pueblo.
Orígenes
Mario nació el 24 de diciembre de 1947 (“pero fui anotado el 1 de enero de 1948”). “Mi madre decía que vi la luz cuando la gente de la chacra volvía en carritos a sus hogares después de haber participado en la misa de gallo”, cuenta Mario. Sus padres fueron Ladislao Zajaczkowski y Genoveva Kruchowski, argentinos hijos de polacos, que llegaron entre 1902 y 1903 a nuestro país. “Provenimos de Miguel Zajaczkowski y María Zadorski y recientemente el 11 de septiembre nos reunimos más de cien familiares en el primer encuentro, una fiesta inolvidable, vinieron familias hasta de Australia, los locales, de Buenos Aires, Neuquén, Virasoro, Oberá, etc”, señala el escritor.
Personajes inmortales
Una de las singularidades de las columnas que escribe Mario, es la caracterización profunda de los personajes que supieron hacerse un lugar en el imaginario colectivo del pueblo. “No sé si los más populares, cada uno los mide de manera subjetiva. Hay personajes que fluyen permanentemente en mis relatos y notas: el que más afecto me causó siempre era Chiquito Guimaraes, un vendedor de loterías, pero personaje con mayúsculas fue Alfredo Zubreski, ‘el Topo’, que siempre tuvo esa inquietud por los entierros y las excavaciones”, advierte Mario.
La lista de personajes que quedaron grabados en su memoria y sus escritos es extensa. “Me acuerdo también de Rosalía, a la que llamábamos ‘bulteja’ porque andaba con unos bultos a cuesta y le acompañaban siempre sus perros. Fue la enfermera del primer director del hospital, el doctor Julio Jurkowski, un médico polaco que había venido del Uruguay y era adicto a la morfina, sufría de catalepsia, unos ataques que lo dejaban como muerto. Ella había viajado al Paraguay y en su ausencia a él le dio uno de esos ataques, la gente lo creyó muerto y lo enterraron vivo prácticamente, cuando ella volvió se enteró de lo acontecido pero ya era tarde, quedó loca y vagaba por las calles en su busca”.
Relatos de esa estirpe, destilados por la pluma literaria de Mario, se pueden encontrar en su blog, titulado Un Mate Cocido (http://unmatecocido.blogspot.com/).
Siguen las historias de personajes. “Un día escribiré sobre Don Juan Bieski, creo que fue el curandero o adivino más famoso de la región. Adivinaba en un vaso de agua y dicen que hasta vinieron de Buenos Aires cuando Evita estaba muy enferma para consultarlo. Había una señora, Doña Tana, que vencía el empacho, el susto, la rendidura, los médicos mandaban muchas veces a las madres que les lleven a sus hijos para el vencimiento del empacho con una cinta. También estaba el tío Benedicto, un ciego que tocaba el acordeón y siempre andaba con un saquito blanco y murió rezando una noche de tormentas ya que así lo encontraron con las manos entrecruzadas y como si estuviera de rodillas”.
Mitología popular apostoleña
Toda ciudad tiene sus historias misteriosas, sus mitos. Mario rescató varias de ellas en sus textos. “De mi niñez evoco las reuniones con vecinos y amigos en cada casa, a la tardecita, los mayores tomaban mate y comían pan casero recién horneado. Pocas casas tenían radios, la tele no existía, por eso esas reuniones y ahí pululaban los relatos de lobizones, aparecidos y luces malas, eran cuentos fantásticos de apariciones de jinetes sin cabeza en caballos blancos, mujeres de larga cabellera, bolas de fuego que se estrellaban contra los árboles y se despedazaban en especies de brasas, allí, al pie de esos árboles, era donde aparecían pozos de buscadores de tesoros, siempre. La mujer vestida de blanco, que aparecía y desaparecía misteriosamente en noches de luna en el Arroyo del Susto. El misterioso relato del militar que le había prestado su capa del uniforme en un baile a una chica con quien bailó toda la noche y que al otro día encontraron esa capa sobre una tumba del cementerio, ya que la chica había muerto hace tiempo”.
Escribir, un herencia materna
La pasión por la escritura, Mario la recibe de manera, podría decirse hereditaria. “Siempre escribí, lo heredé de mi vieja: Doña Genoveva, lástima que ella nunca publicó .Yo escribía desde la primaria, recuerdo cuanto lloré el día que escribí un cuento y mi maestra de cuarto grado me dijo que ‘era copiado’ y en la secundaria siempre ganaba las composiciones para leerlas en la plaza. Hoy googleo, me encanta plasmar esas historias de manera distinta; he editado casi ochenta de ellas que pienso publicarlas en un libro alguna vez”, asegura Mario.
Retomando la cuestión de las costumbres del pueblo, Mario considera -al igual que el compositor uruguayo Jorge Drexler- que “nada se pierde, sólo se transforma”, lo que se mantiene “es lo que tiene que ver con la religión, nuestros abuelos eran muy creyentes, la fe los sostuvo, aunque murieron tan pobres como llegaron de Europa”.
El escritor
José Mario Zajaczkowski tiene 63 años. Casado con María de Dios Nery, tiene dos hijas (Ángela y Tatiana) y cuatro nietos. Fue maestro de grado, se jubiló como director de la Escuela 71 del Barrio Estación, fue preceptor y jefe de preceptores en la Escuela de Comercio 3. Fue por 15 años director de Cultura Municipal (ad honorem), promoviendo en este período los premios Andresito y la recordación de la Batalla de Apóstoles, la Bandera de Apóstoles, la Canción de nuestra ciudad (idea conjunta con el concejal Regalado), el concurso de poemas El mate y la yerba mate, la Feria del libro en forma conjunta con la Escuela normal, los talleres gratuitos en el Centro Cultural.
Hizo periodismo en radio, fue colaborador de diarios provinciales (entre ellos PRIMERA EDICIÓN). Como escritor recibió distinciones y premios en diferentes certámenes literarios. Su poema Plegaria del tarefero es tal vez su poema predilecto. Publicó un libro de poemas titulado Retazos en el 2003. Compositor de varios temas musicales, algunos de ellos grabados por Fausto Rizzani y Víctor Padován. Toca la guitarra, canta y en alguna oportunidad integró Los Trovadores de Apóstoles.
Actualmente está al frente de una pequeña librería escolar, tiene un blog literario en Internet y colabora en un diario digital.
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